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El barrio del Torretto

Estatua de San JorgeEl que hoy es el barrio del Torretto debe su nombre a la memoria de una pequeña torre que aún en la segunda mitad del siglo XIX se levantaba aproximadamente en el espejo de agua donde hoy surge la Capitanía de Puerto. Prácticamente aislado en una roca en medio del mar, la torre originariamente era un molino, parecido, en su estructura, a los que se han conservado en Campiglia y en Porto Venere, cuya función principal se ha perdido en el tiempo. Seguramente se trataba de un elemento que caracterizaba mucho el paisaje costero. Tanto era así que el barrio ubicado fuera de Porta Romana y por tanto de la actual piazza del Bastione hasta donde hoy está piazza Verdi, se apodaba justamente el barrio del Torretto.
Hay numerosos documentos figurativos que muestran cómo estaba construida esta pequeña torre, empezando por las cuantiosas pinturas de Agostino Fossati dedicadas a ilustrar el paisaje donde se observa el antiguo molino y, más en el detalle, el propio monumento, descrito tanto externa como internamente. A éstas se añaden algunos grabados y fotografías como la que muestra la loma llamada de los Capuchinos o de la Ferrara y que se guarda en el Archivo Fotográfico del Ayuntamiento de La Spezia. En esta imagen destacan las villas de la Condesa de Castiglione, el gran convento proyectado hacia el mar, y, más abajo, las casas del barrio, entre las que, en orilla, se distingue la torre.
Cerca del antiguo molino, en la segunda mitad del siglo XIX, fue la Condesa de Castiglione quien quiso un establecimiento balneario particular, en contacto y continuidad con las amplias propiedades de los Oldoini, su familia de origen: la pequeña torre, desde hace tiempo ya abandonada y erosionada en sus cimientos, se convierte en un romántico escenario para los balnearios de la divina Condesa.
La sede de la Fondazione CarispeEn realidad ya en aquel entonces el antiguo barrio construido en esta área, iba experimentando profundas transformaciones, porque parte de la expansión de la Ciudad: de este suburbio, es decir de este asentamiento residencial fuera de las murallas urbanas, se iba plasmando un barrio ciudadano, lenta pero ineludiblemente en transformación. Las primeras señales se produjeron a mediados del siglo XIX, antes de la construcción de la amplia zona del Arsenal Real, cuando se edificaron dos grandes edificios fuera de las puertas de la ciudad: el Teatro Cívico y el albergue Croce di Malta, como hemos dicho arriba, sede actual de la Fondazione Cassa di Risparmio della Spezia. Desde esas fechas hasta el derrumbamiento de la loma de los Capuchinos, en los años veinte del siglo XX para dar cabida a la piazza Europa, las casas del Torretto fueron paulatinamente destruidas. Y lo mismo se hizo con los edificios religiosos, empezando por el gran convento de los Capuchinos ya expropiado para fines militares y finalmente destruido y también con la iglesia dedicada a San Gottardo, una capilla ubicada en los declives de la loma de la Ferrara.
El paisaje cambia radicalmente, modificado en su geografía costera e incluso orográfica. El terraplén que se hizo en el mar con el material resultado de las cuencas del Arsenal Militar, la demolición de la loma con miras a ampliar cada vez más los confines urbanos, las nuevas calles y plazas que siguieron a estas obras, cambiaron inevitablemente el sitio y sustituyeron el antiguo asentamiento, hoy completamente perdido.

LA DIVINA CONDESA. VIRGINIA OLDOINI, CONDESA DE CASTIGLIONE

El busto de la Condesa de CastiglioneVirginia Oldoini, nacida en 1837 del marqués Filippo y de Isabella Lamporecchi, mujer de gran inteligencia y famosa belleza, murió, sola, en París la noche entre el 28 y el 29 de noviembre de 1899. De extraordinaria y precoz belleza, en 1853, conoció al conde Verasis de Castiglione, su futuro marido, en el baile del albergue Croce di Malta, donde la Reina Maria Adelaide, extenuada por los numerosos partos, había llegado para descansar y pasar el verano. Entrada en la corte de los Saboya, fue notada pronto por el hábil primo Cavour que la quiso con éxito como amante de Napoleón III para garantizar el apoyo de Francia en la causa del Risorgimento italiano.
La Condesa Castiglione era y queda una figura divina que durante su vida fascinó a toda Europa por su extraordinaria belleza – “estatua de carne” la definió sin medias tintas Paulina de Metternich – y sucesivamente vivió en la leyenda que ella misma había contribuido a crear y a alimentar. Con aguda habilidad supo dar a conocer su imagen, se dejó fotografiar en poses agotadas y en retratos soberbios, donde, a menudo, luce trajes de fúlgida elegancia, programando de cierta manera su eterna permanencia en el mito que le sobrevivió gracias a una protervidad que deja asombrados.