Una ciudad de autor. El siglo XX en La Spezia
La ciudad vieja, dominada por el tamaño del alcázar de San Jorge, la ciudad del siglo XIX y del Arsenal, la ciudad de las gracias liberty y de los vértigos futuristas. El siglo XX le brinda a La Spezia un alma nueva, regalándole al visitante un muestrario muy destacado de las tendencias artísticas de la primera mitad del siglo XX.
Esta huella resulta bien patente en las secciones más elevadas de la ciudad, en las circunvalaciones destinadas principalmente para fines residenciales por una elección inevitable, pero también en los edificios públicos donde a menudo lo “cívico” se expresa a través de un lenguaje intenso y emocionado. Emblemáticas a este propósito piazza Verdi y la zona colindante, donde parece centrarse exitosamente el rostro de la ciudad. A la plaza se asoman, en el lado aguas arriba partiendo del comienzo de via Chiodo, los palacios Vivaldi y Contesso, este último originariamente estructura balnearia de especial valor decorativo como se puede ver todavía de las esculturas y de los sobrios contrastes cromáticos.
La poderosa silueta del edificio de Correos, diseñado en 1933 por Angiolo Mazzoni, conserva, dentro de la torre, en la parte superior, los mosaicos que representan las Comunicaciones terrestres, marítimas y aéreas, obras de Fillia y Prampolini, colocadas aquí para celebrar la ciudad futurista, el dinamismo y los logros técnicos. Luego, tenemos el Palacio de los Estudios cuya realización terminó en 1923 por el arquitecto de Carrara Armando Titta y, al estrenar via Veneto, Palacio Giachino, edificado en 1912, con toda probabilidad obra de Vincenzo Bacigalupi.
Con un volumen compacto, tiene una elegancia formal gracias a las decoraciones salientes y a las pinturas tanto en la fachada como en los soportales, mezclando motivos vagamente neomedievales con fórmulas clásicas. Clásico, de un clasicismo típico de la década de los treinta del siglo pasado, el Palacio del Gobierno, diseñado y levantado tras la creación de la Provincia en 1923, obra del prolífico Franco Oliva. Inaugurado en 1928, el edificio está ampliamente decorado por las esculturas y los bajorrelieves de celebración de Augusto Magli, que se funden extraordinariamente con los volúmenes arquitectónicos dando un resultado de gran eco.
El palacio Boletto, colocado muy elegantemente y que cierra la plaza en dirección del mar, fue levantado en 1927 siguiendo el proyecto del arquitecto Bacigalupi. En un principio de tamaños reducidos con respecto a la forma actual, prácticamente coincidente con la sola sección occidental, se amplió en 1933 agregando el cuerpo de fábrica oriental, siempre bajo un proyecto de Vincenzo Bacigalupi.
Dando la espalda a la Plaza, hacia arriba, destacan también el Palacio San Jorge, en via dei Colli en el número 9, diseñado por Raffaello Bibbiani en 1927, botón de muestra de la arquitectura civil, cuyos volúmenes movidos y articulados resultan amplificados por una rica decoración que recubre el edificio, obra de Augusto Magli; los Palacios de la “Fondega”, edificados por Vincenzo Bacigalupi entre 1906 y 1914, tras la amplia división de los poderes de los marqueses Oldoini que se encontraban aquí, y la Pensión Orioli, sobrio edificio nacido como instalación hotelera y hoy vivienda particular, diseñado por el futurista Manlio Costa en 1935-36, en este caso representante de una construcción residencial de gusto ecléctico.
La residencia urbana que quiso edificar la familia Marmori en 1923 fue diseñada por Franco Oliva en una parte de la ciudad de especial prestigio dentro de un amplio proyecto de división de las propiedades de los marqueses Oldoini.
Intencionadamente abandonada en los prospectos externos, la villa parece doblarse en sí misma, guardando en el interior la luz y los colores del gusto floreal pleno.
Los frescos y los paneles pintados que siguen decorando la residencia son obras de Luigi Agretti, mientras que los lienzos, que habían sido encargados para los salones de representación a Discovolo y a Ferri, ya no están dentro de la vivienda. Los hierros forjados, en su mayoría todavía presentes, se remiten al catálogo de Mazzuccottelli. De especial valor las vidrieras de Beltrame que, sobre todo en la parte superior y gracias a una claraboya, iluminan las salas con luz filtrada.
Convertida en la posguerra en el Círculo Suboficiales de la Marina Militar, la villa, desde hace 1984 es la sede del Conservatorio de Música hoy titulado a Giacomo Puccini.



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